“La dicha se descubre en la simpleza de lo cotidiano.”
No siempre reside en grandes gestos, sino en la apreciación de los pequeños detalles: una conversación, un amanecer, una melodía. Ahí germina el regocijo.
A menudo, buscamos la felicidad en horizontes lejanos, ignorando los oasis de placer que salpican nuestro camino diario. Detenerse a contemplar una flor silvestre puede ser tan enriquecedor como escalar una montaña.