“La plenitud se cosecha en el acto de compartir la propia luz.”
La plenitud, esa sensación de estar completo y realizado, no se encuentra en el acaparamiento, sino en la generosidad de compartir lo que nos nutre. Es como encender una vela; su llama no disminuye al iluminar a otros, sino que el espacio se vuelve más luminoso para todos.
Cuando ofreces tu conocimiento, tu tiempo, tu sonrisa o tu apoyo, no solo enriqueces la vida de quien lo recibe, sino que, de forma intangible, amplificas tu propio gozo. El placer de dar es un eco que resuena eternamente en el alma.