“El regocijo reside en la sinfonía de las pequeñas bondades.”
El regocijo, esa vibración interna de pura alegría, no necesita de grandes gestas ni aplausos estruendosos. A menudo, se esconde en las notas discordantes que, al unirse en una melodía inesperada, crean una armonía conmovedora. Piensa en una sonrisa sincera hacia un desconocido o en un gesto amable que desarma la rutina.
Estas pequeñas notas de bondad, aparentemente insignificantes, componen la sinfonía más hermosa y duradera de nuestro bienestar. Es en la suma de estos actos, pequeños pero significativos, donde la vida nos regala sus placeres más puros.