“En cada tropiezo, un nuevo anclaje para el alma.”
La resistencia se forja en la caída, no en la ausencia de ella. Cada vez que nuestro espíritu flaquea y nos vemos obligados a levantar la mirada del suelo, aprendemos a aferrarnos con mayor firmeza a nuestras convicciones.
Visualiza un marinero que, azotado por la tempestad, no abandona el timón, sino que aprieta las manos, sintiendo cómo cada sacudida fortalece su agarre. Es en esa firmeza nacida del vaivén donde encontramos la verdadera fortaleza para navegar las aguas turbulentas de la vida.