“Cultiva el asombro, es el manantial del gozo eterno.”
El gozo duradero se nutre de la capacidad de maravillarse, de mantener viva la chispa de la curiosidad y el asombro ante la vida, sin importar la edad o las circunstancias.
Piensa en un niño explorando el mundo por primera vez, maravillándose ante una mariposa o una nube. Esa pureza de asombro es un estado de dicha pura y sin esfuerzo.
Mantener esa apertura nos permite descubrir la magia en lo cotidiano, convirtiendo cada día en una oportunidad para experimentar un gozo renovado y profundo.