“La serenidad es el lienzo donde pintamos nuestra dicha.”
Antes de buscar la felicidad exuberante, cultivemos la serenidad. Un espíritu tranquilo es el terreno fértil donde las semillas de la alegría pueden germinar y florecer plenamente.
Piensa en un lago en calma; su superficie refleja con claridad las estrellas y el cielo. Así, cuando nuestra mente está libre de turbulencias, podemos apreciar la belleza de la vida y encontrar una satisfacción profunda y duradera, un verdadero bienestar.