“La ventura se halla en el desapego de la imperfección.”
La constante aspiración a una felicidad perfecta e inmutable es, paradójicamente, una fuente de infelicidad. Aceptar las imperfecciones, tanto propias como ajenas, nos libera para disfrutar de la alegría presente.
Como un río que fluye sorteando rocas, nuestra satisfacción se mantiene cuando aprendemos a navegar las vicisitudes sin aferrarnos a un ideal inalcanzable. Este desapego nos permite encontrar placer y bienestar en la realidad tal cual es.