“La dicha se encuentra en la danza de dar y recibir.”
La felicidad no es un solipsismo, una posesión exclusiva. Es una reciprocidad, un flujo constante. Cuando extendemos ayuda, compartimos nuestro tiempo o damos afecto, creamos un círculo virtuoso. La alegría que generamos en otros regresa a nosotros, multiplicada, como una danza armónica donde cada movimiento enriquece al compañero.