“La dicha se ancla en la aceptación de la impermanencia.”
Resistir el cambio es como intentar detener la marea. Abrazar la naturaleza fluida de la vida, con sus altos y bajos, nos libera para encontrar la serenidad y el gozo en el presente.
Imagina ser un árbol robusto que mece sus ramas al viento; se dobla pero no se quiebra. Esa flexibilidad ante la vida es la que permite que la dicha se arraigue profundamente.