“Teje tu propia dicha con hilos de autocompasión.”
En el telar de la vida, a menudo nos exigimos perfección. Sin embargo, la verdadera satisfacción nace de tratarnos con la misma amabilidad que ofreceríamos a un ser querido. Es el bálsamo que alivia las heridas del alma.
Imagina que caes; en lugar de recriminarte, te ofreces una mano amiga. Esa dulzura hacia uno mismo, esa comprensión, es el hilo de oro que fortalece el tejido de nuestra propia felicidad.