“La dicha es el permiso que nos damos para ser efímeros y, a la vez, eternos.”
Vivimos en un constante devenir, en un ciclo de nacimientos y desapariciones, como las olas del mar que nacen, rompen y se funden con el océano. La dicha se encuentra al abrazar esta naturaleza efímera de la existencia, al permitirnos sentir y experimentar intensamente cada instante, sabiendo que, aunque fugaces, esos momentos nos conectan con algo más grande, con una eternidad de conciencia que trasciende el tiempo.