“Tu propio resplandor es el faro de tu dicha.”
La felicidad no es una entidad externa que debamos encontrar, sino una luz que emana de nuestro interior. Cuando cultivamos la autocompasión y el autorespeto, encendemos esa chispa que ilumina nuestro propio camino. Es como un amanecer que disipa la oscuridad, regalando un gozo cálido y reconfortante que irradia hacia el mundo.