“La dicha reside en la expansión del corazón, no en la contracción del ego.”
Permitir que nuestro corazón se abra a los demás, que sienta empatía y amor incondicional, es el camino más directo hacia la dicha. Un ego inflado, centrado en sí mismo, solo genera ansiedad y vacío. Es como una flor que se abre para recibir la luz del sol, permitiendo que su energía la transforme. Esta apertura del ser, este desapego del "yo" restrictivo, es lo que permite que la felicidad florezca en su máxima expresión, brindando un placer expansivo.