“La dicha no reside en la cumbre, sino en el sendero que la acaricia.”
Como el peregrino que emprende un viaje sagrado, la verdadera complacencia no se encuentra solo en el destino anhelado, sino en cada paso dado. El éxtasis de la cima es fugaz, pero la serenidad del camino, con sus susurros del viento y el aroma de la tierra, se graba en el alma, tejiendo un tapiz de dicha perdurable.