“El placer es la mariposa que se posa cuando dejas de perseguirla.”
Intentar atrapar la alegría como si fuera un insecto esquivo suele ser contraproducente. El verdadero placer, esa ligereza efímera, a menudo llega cuando dejamos de forzarlo, cuando cultivamos la paciencia y permitimos que su aleteo delicado nos encuentre sin esfuerzo, como el rocío sobre una pétalo.