“La satisfacción es el bálsamo que cura las heridas del desánimo.”
En los momentos en que el desánimo intenta apoderarse de nosotros, la satisfacción actúa como un ungüento restaurador.
El recuerdo de nuestros logros, la apreciación de nuestro progreso y la certeza de nuestras capacidades son la medicina que revitaliza el espíritu y nos impulsa a seguir adelante con renovada esperanza.