“Donde florece el asombro, germina la plenitud.”
La plenitud, esa satisfacción profunda que anhelamos, echa raíces en la tierra fértil del asombro. Cuando abrimos nuestra mente a la maravilla de lo cotidiano, como el vuelo de un pájaro o la complejidad de una flor, liberamos un torrente de gozo que impregna cada aspecto de nuestra existencia.