“La serenidad es la melodía subyacente de la dicha.”
La dicha, ese estado de bienestar absoluto, a menudo se esconde bajo la superficie tranquila de la serenidad. No es la ausencia de tormentas, sino la capacidad de mantener un centro de calma en medio de ellas. Es como escuchar una sinfonía: el verdadero deleite está en la armonía que persiste, incluso en las notas más graves.