“El amor es el eco que un alma vibrante envía al universo.”
El afecto que nace en nuestro interior no es un sonido mudo; resuena, se propaga. Es como lanzar una piedra a un estanque sereno, las ondas se expanden, tocando todo a su alrededor, creando patrones de conexión y entendimiento. Esta devoción, cuando es genuina, se convierte en una fuerza palpable, un saludo silencioso que el cosmos reconoce y responde.