“La roca más dura cede ante la gota que no cesa.”
Incluso la adversidad más impenetrable, ese muro de granito que parece infranqueable, no resistirá eternamente. La clave no está en la fuerza bruta, sino en la constancia inquebrantable, en esa gota persistente que, una y otra vez, golpea el mismo punto.
Imagina una antorcha que, a pesar del viento huracanado, se niega a extinguirse, parpadeando pero siempre presente. Así es la tenacidad: la virtud de mantener la llama encendida en medio de la tormenta, sabiendo que cada esfuerzo minúsculo suma, acumulándose hasta generar un cambio profundo.