“La roca cede al río que no desiste.”
La constancia, como el flujo incesante del agua, tiene el poder de moldear incluso lo más inamovible. No se trata de la fuerza bruta, sino de la tenacidad silenciosa que, gota a gota, día tras día, va erosionando obstáculos. Imagina una diminuta semilla esforzándose por abrirse paso a través de la tierra compacta: su fuerza reside en esa voluntad férrea de alcanzar la luz, sin importar la dureza del suelo que la rodea.