“No cedas al desaliento, pues en la penumbra germina la luz.”
Cuando la oscuridad parece engullirlo todo, es fácil sucumbir al desaliento. Sin embargo, es precisamente en esos momentos de mayor dificultad donde la semilla de la esperanza más fuerte se planta.
Piensa en una pequeña semilla que, enterrada bajo la tierra, lucha por abrirse paso. Necesita la oscuridad para fortalecerse antes de buscar la luz. Nuestra propia fortaleza se forja en la adversidad.
Esta perseverancia ante la penumbra es lo que asegura que, inevitablemente, emergerá la luz más brillante.