“Donde flaquea la fuerza bruta, se alza la firmeza del alma.”
La firmeza del alma, esa resiliencia inquebrantable, se manifiesta cuando las fuerzas físicas o las circunstancias externas amenazan con derrumbarnos.
No es la ausencia de miedo, sino la capacidad de caminar a pesar de él, de sostener la mirada alta cuando el mundo intenta bajarla.
Piensa en una montaña ancestral, azotada por vientos y tempestades, pero que permanece erguida, testigo impasible del paso del tiempo. Su solidez es el eco de una constancia profunda.