“El temple de la voluntad se perfecciona con la práctica ininterrumpida de la fe.”
La fe en nuestras capacidades y en nuestros objetivos es el material con el que se forja el temple de la voluntad. La práctica ininterrumpida es el proceso que la perfecciona.
Piensa en un artesano que trabaja con un material delicado, como el vidrio soplado. Requiere paciencia, precisión y la habilidad de moldearlo repetidamente hasta obtener la forma deseada.
La constancia es esa repetición. Es creer en el proceso, en la idea de que cada intento, cada ajuste, nos acerca a la perfección. Es la determinación de seguir moldeando nuestra voluntad, dándole forma hasta que resista cualquier adversidad.