“La semilla que se niega a germinar, jamás conocerá el sol.”
La resistencia sin propósito es solo inmovilidad. La verdadera tenacidad se manifiesta en la acción, en el impulso vital de crecer, de expandirse hacia lo desconocido. Es abrazar el riesgo inherente a la vida, como esa pequeña semilla que, enterrada, desafía la oscuridad con la audacia de brotar.
Su firmeza se mide en la fuerza con la que rompe la tierra, no en la dureza de su cubierta.