“Cultiva la terquedad de la montaña frente al viento.”
La constancia se aprende observando a los elementos inmutables.
Las montañas no se mueven por los embates del viento; en cambio, lo resisten y, a veces, lo moldean. Adoptar esta terquedad positiva, esta firmeza ante las presiones externas, es cultivar una resiliencia profunda.