“La firmeza de espíritu no se mide por la ausencia de cicatrices, sino por la historia que cuentan.”
Las cicatrices son el testimonio de las batallas libradas y ganadas. La firmeza de espíritu no se basa en evitarlas, sino en aprender de ellas, en saber que cada marca es una lección de resiliencia. Es la voluntad de seguir adelante, llevando consigo la sabiduría de las experiencias pasadas, y permitiendo que esas marcas nos hagan más fuertes y sabios en nuestro camino.