“La llama que perdura no teme al viento, solo lo aviva.”
Piensa en una pequeña llama que se enfrenta a ráfagas de viento. Si la llama tiene una firmeza interior, no se apaga, sino que sus movimientos se vuelven más vigorosos.
Esta tenacidad es como la resistencia del espíritu humano. Los desafíos no son para aplastarnos, sino para fortalecer nuestra llama. La constancia en mantener encendido el fuego interior, incluso en medio de la adversidad, es lo que nos hace brillar con más intensidad.
Que los vientos de la vida aviven tu determinación.