“La arcilla, moldeada con paciencia, se convierte en obra maestra.”
El camino hacia la excelencia rara vez es directo. Cada golpe de la mano del alfarero, cada ajuste minucioso, es un acto de tenacidad. Pensemos en esa vasija que admiramos, no solo vemos su forma final, sino la suma de innumerables presiones y el dominio sobre la materia que nació de la constancia. Es un recordatorio de que las grandes creaciones, y los grandes logros, se forjan gota a gota, con firmeza inquebrantable.