“No temas la zancada lenta, sino el paso inmóvil.”
La verdadera medida del progreso no está en la velocidad con la que avanzamos, sino en la simple acción de seguir adelante. Un paso pequeño, pero constante, es siempre superior a la parálisis del miedo o la complacencia.
Piensa en el río que, a pesar de su fluir aparentemente lento, termina por erosionar la piedra más dura. Su secreto reside en la persistencia de su movimiento. El miedo a no avanzar lo suficientemente rápido puede robarnos la oportunidad de dar siquiera el primer paso, condenándonos a la inmovilidad.