“La brújula del alma se orienta con la tenacidad del horizonte.”
A veces, el camino que debemos seguir parece incierto, un mar inexplorado donde las estrellas son escasas. En esos momentos, la tenacidad actúa como nuestra brújula interna, no una que señala el norte geográfico, sino la dirección de nuestros anhelos más profundos.
Es la firmeza inquebrantable de quien, aun sin ver la meta, confía en que cada paso la acerca, como el marinero que, guiado por la constancia de la luna, navega hacia un puerto desconocido pero soñado.