“Sembrar en la tormenta es sembrar para el amanecer.”
Sembrar en la tormenta es sembrar para el amanecer. Piensa en un agricultor que, a pesar de las nubes oscuras y la lluvia torrencial, planta sus semillas. Sabe que el terreno, aunque empapado, recibirá el agua necesaria para germinar y florecer cuando el sol regrese.
Esta perseverancia en la acción, incluso en tiempos de dificultad y aparente esterilidad, es la que garantiza la cosecha futura. Es un acto de fe en el ciclo, una inversión de energía y esperanza que anticipa el renacimiento y la abundancia que vendrán después de la adversidad.