“La meta se divisa en el horizonte de la persistencia.”
La meta no es un punto fijo en el presente, sino una promesa que se dibuja en el horizonte de nuestra persistencia. Es la brújula que guía nuestros pasos, incluso cuando el camino se torna difuso y la fatiga intenta desviarnos.
Como un marinero navegando en la inmensidad del océano, la constancia en mantener el rumbo, en ajustar las velas ante el viento cambiante, es lo que garantiza que la tierra prometida eventualmente se manifieste ante nuestros ojos. La tenacidad es el viento que nos acerca a ese destino.