“El alma que no se rinde, encuentra siempre un nuevo amanecer.”
En las noches más oscuras, cuando las estrellas parecen haberse extinguido y el frío cala hasta los huesos, existe una luz interna. Es la determinación, esa chispa que se niega a ser apagada, la que nos susurra que tras la ausencia de luz vendrá, inexorablemente, un nuevo amanecer.
Piensa en el viajero perdido en un desierto, cuya sed amenaza con doblegarlo. Si su firmeza le permite dar un paso más, y luego otro, esa persistencia podría ser la que lo lleve a un oasis oculto. El alma que no cede ante la desesperación, esa que mantiene la constancia, está destinada a ver la luz de un nuevo día.