“Donde el camino se quiebra, nace la tenacidad.”
No es en la senda llana donde se forja el carácter, sino en los desfiladeros y los senderos escarpados. Es allí, cuando la roca se vuelve obstáculo y el aire se espesa, que la verdadera tenacidad se revela. Es la chispa que enciende el motor interior, la voluntad de no rendirse ante la adversidad que se erige como un coloso.
Piensa en el río que, al encontrar una presa, no se detiene, sino que busca con fuerza nuevos cauces, erosionando la piedra, ganando altura para saltar con mayor ímpetu. Esa es la esencia: la capacidad de adaptarse, de encontrar la grieta en el muro, de seguir fluyendo, imparable, hacia el mar de tus objetivos.