“Donde la voluntad siembra, la tenacidad cosecha.”
Esta frase evoca la imagen de un agricultor paciente. La voluntad es la semilla inicial, la chispa que nos impulsa a comenzar un camino. Sin embargo, es la tenacidad, esa fuerza inquebrantable que se niega a doblegarse ante los embates del clima o la aridez del suelo, la que asegura que la semilla germine y dé frutos abundantes. Es la promesa de que cada esfuerzo sostenido, por pequeño que parezca, contribuye a la eventual abundancia.
Piensa en el escultor que golpea una y otra vez el mármol. La voluntad le dio el primer cincelazo, pero es la firmeza en cada golpe, la resistencia a la fatiga y la visión clara del resultado final, lo que moldea la piedra inerte en una obra maestra. La perseverancia es, en esencia, el arte de seguir golpeando, creyendo en la forma oculta dentro de la materia.