“Donde la fuerza se quiebra, la resistencia florece.”
Hay momentos en los que nuestras reservas de vigor físico o mental se agotan, como un río que se seca bajo el sol abrasador. Es en esa aparente debilidad donde surge la verdadera resistencia. No es la ausencia de fragilidad, sino la capacidad de seguir avanzando, de no rendirse ante el desánimo, de encontrar un nuevo cauce cuando el anterior se bloquea. Es la tenacidad del junco que se dobla con el viento sin romperse.