“Tu espíritu es un músculo; entrénalo cada día.”
Esta es una poderosa analogía que equipara la fuerza de voluntad y la resiliencia con la capacidad física de un músculo. Requiere ejercicio constante para desarrollarse y fortalecerse.
Al igual que levantamos pesas para fortalecer nuestros brazos, debemos ejercitar nuestro espíritu a través de desafíos diarios. Cada vez que eliges perseverar ante la adversidad o te propones una nueva meta, estás haciendo una repetición para tu fuerza interior. ¡No dejes que tu espíritu se atrofie por la inactividad!