“Cultiva el ánimo como el jardinero cuida su simiente.”
La actitud es una elección diaria, una semilla que plantamos en el terreno de nuestra mente. Esta frase nos compara con un jardinero diligente, aquel que sabe que para cosechar belleza y vitalidad, debe nutrir la tierra y proteger las jóvenes plantas.
El ánimo es esa simiente. Requiere cuidado constante: regarlo con pensamientos positivos, abonarlo con autocompasión y protegerlo del viento frío de la duda. Al igual que un buen jardinero no se desanima por una helada temporal, nosotros debemos perseverar en cultivar nuestra disposición, sabiendo que cada pequeño acto de cuidado diario nutre el crecimiento y florecimiento de nuestra energía.