“La felicidad no es un destino, sino la melodía que improvisas en el camino.”
La vida, como un viaje sin mapa trazado, nos invita a ser compositores de nuestro propio devenir. La dicha no reside en la meta alcanzada, sino en la cadencia de cada paso, en las notas de asombro y gozo que tejemos con los altibajos del sendero. Es el ritmo del presente, la armonía de los pequeños instantes de bienestar que, al sumarse, crean una sinfonía de plenitud.