“La euforia es el relámpago que ilumina el cielo, pero la felicidad es la luz del sol que calienta la tierra cada día.”
Contempla el poder efímero de un rayo que cruza el horizonte. Es un espectáculo deslumbrante, pero pasajero. La verdadera felicidad, en cambio, es como la luz del sol, constante y vital. Nos nutre, nos da energía y nos permite florecer día tras día. Aprender a apreciar esa luz constante, incluso en los días nublados, es el secreto de una alegría duradera.