“La efímera dicha es el brillo fugaz de la vida.”
La efímera dicha es el brillo fugaz de la vida.
La felicidad no siempre es un estado permanente, sino una serie de destellos, momentos intensos de alegría que, aunque breves, dejan una huella imborrable. Apreciar su fugacidad es parte de su magia.
Como la explosión de un fuego artificial en la noche, esa dicha intensa ilumina el firmamento del alma por un instante, pero su luz perdura en la memoria. El placer reside en permitir que esos momentos ocurran.
Aceptar que la vida está tejida de estos brillos fugaces, en lugar de aferrarse a ellos, nos permite experimentar un ciclo continuo de satisfacción y gozo.