“El placer es la chispa que enciende la hoguera de la gratitud por lo efímero.”
Apreciar la fugacidad de un momento, como la sonrisa de un niño o el aroma de una flor, aviva la llama del placer. Es la capacidad de encontrar deleite en lo transitorio, reconociendo su valor precisamente por su naturaleza pasajera, lo que enriquece nuestra experiencia vital.