“La beatitud reside en la expansión del propio corazón.”
Sentir empatía por los demás, compartir momentos de bondad y contribuir al bienestar colectivo expande nuestro propio sentido de felicidad. Cuando nuestro corazón se abre para abrazar a la humanidad, descubrimos una fuente inagotable de gozo y satisfacción. Es como si cada acto de amor resonara de vuelta hacia nosotros, multiplicando la dicha.