“La dicha es el eco suave de un acto bien hecho.”
La dicha no es un estruendo de trompetas, sino un murmullo interno que acompaña a las acciones que resuenan con nuestra propia integridad.
Piensa en el artesano que da forma a la madera con paciencia y pericia; la satisfacción final no es solo en el objeto terminado, sino en el camino recorrido, en cada corte preciso y en la dedicación vertida.
Ese gozo perdura, incluso cuando la obra ya no está a la vista, como una melodía que sigue sonando en el alma.