“La dicha no reside en poseer, sino en florecer.”
La felicidad verdadera no se encuentra en la acumulación de bienes materiales ni en la consecución de metas externas. Es un estado interno, un "florecer" que nace del crecimiento personal, del cultivo de virtudes y de la conexión genuina con uno mismo y con el mundo que nos rodea. Como una semilla que se abre al sol, nuestra dicha se despliega cuando nutrimos nuestro espíritu y permitimos que nuestras mejores cualidades se manifiesten.