“La dicha es la brisa que mece las hojas de la existencia.”
La dicha, esa efímera caricia del alma, no se busca en grandes monumentos, sino en la delicadeza de los pequeños instantes. Como una brisa que agita con suavidad el follaje de la vida, nos recuerda que la plenitud reside en la fluidez y la aceptación de los vaivenes.