“El placer es una chispa; la alegría, la hoguera constante.”
Podemos deleitarnos con el sabor de una fruta exótica, una efímera chispa de placer. Pero la verdadera alegría, esa llama que calienta el alma, se nutre de la gratitud por los pequeños milagros cotidianos, como el sol filtrándose entre las hojas o la risa compartida sin motivo aparente.