“El gozo no se esconde, se revela en la quietud.”
El gozo no se esconde, se revela en la quietud. En el bullicio constante de la vida moderna, es fácil perder la conexión con esa fuente interna de regocijo. Detenerse, respirar y observar sin juicio permite que esa serenidad interior, ese gozo latente, se manifieste como un manantial cristalino, nutriendo el alma.