“La dicha no reside en la cumbre, sino en la brisa del ascenso.”
La felicidad genuina no se encuentra esperando en un destino final, como si fuera un tesoro escondido al final de un arduo camino. Es un estado del ser que florece en el proceso mismo, en el disfrute de cada paso, en la apreciación de las pequeñas maravillas que el viaje nos regala. Pensemos en ello como un alpinista que, en lugar de solo anhelar la cima, se maravilla con la textura de la roca bajo sus dedos, el eco de su respiración en el silencio, y la vista panorámica que se abre con cada metro ganado.